La Pasión de Nuestro Señor Jesucristo,

el via crucis de Cuba... y yo


 

 
El presente texto fue tomado de una "Vía Sacra" escrita por el eminente pensador católico y fundador de la TFP brasileña, Prof. Plinio Corrêa de Oliveira (cfr. revista "Catolicismo", Brasil, 1951, con aprobación eclesiástica). Tanto el título cuanto las referencias a Cuba y a otros países actualmente subyugados por el comunismo, son de nuestra exclusiva responsabilidad; y fueron introducidos con la intención de que nuestros estimados lectores obtengan un mayor beneficio espiritual.
MÚSICA: Wolfgang Amadeus Mozart, Requiem, K. 626
 
Jesús es condenado a muerte (I Estación del Via Crucis)
Pilatos, el juez que cometió el crimen profesional más monstruoso de toda la Historia, no fue impulsado a ello por el tumulto de ninguna pasión ardiente. No lo cegó el odio ideológico, ni la ambición de nuevas riquezas, ni el deseo de complacer a ninguna Salomé. Lo movió a condenar al Justo, el temor de perder el cargo pareciendo poco celoso de las prerrogativas del César; el miedo de crearse para sí complicaciones políticas, desagradando al populacho judío; el miedo instintivo de decir "no"; de enfrentar el ambiente con actitudes y opiniones diferentes de las que en él imperan.
Vos, Señor, lo mirásteis por largo tiempo con aquella mirada que en un segundo obró la salvación de Pedro. Era una mirada en la que se transparentaba vuestra suprema perfección moral, vuestra infinita inocencia; y sin embargo, él Os condenó...
¡Oh, Señor, cuántas veces imité a Pilatos!
Cuántas veces, por comodidad, he presenciado de brazos cruzados la lucha y el martirio de tantos hermanos en la fe que en Cuba, en China, en Vietnam y en Corea del Norte -así como en la querida Colombia, hoy asolada por crueles guerrillas marxistas- defienden la libertad para la Iglesia y para la Patria.
Cuántas veces no he tenido siquiera el coraje de darles una palabra de apoyo, por una abominable pusilanimidad que me lleva a no enfrentar a los que me rodean; pusilanimidad que me infunde temor de decir "no" a los que forman mi ambiente, por el miedo de ser "diferente de los otros". ¡Como si me hubieseis creado, Señor, no para imitaros sino para imitar servilmente a mis compañeros!
Cuántas veces, por apego a mi carrera, presencié de brazos cruzados, permanecí en silencio o no reaccioné con la debida firmeza e indignación, cuando los regímenes de Cuba, de China y de otros países comunistas han sido elogiados o favorecidos en foros internacionales, en los medios de comunicación, en mi ambiente de trabajo, en mis círculos de amigos...
En aquel instante doloroso de la condenación, Vos sufristeis por todos los cobardes, por todos los pusilánimes, por todos los tibios... por mí, Señor.
Jesús lleva la Cruz a cuestas (II Estación)
Frente al dolor, Dios mío, cuánta es mi cobardía. Ora contemporizo antes de tomar mi cruz; ora retrocedo, traicionando el deber; ora, por fin, yo lo acepto, pero con tanto tedio, tanta dejadez, que parezco odiar el fardo que vuestra voluntad me pone sobre los hombros.
Jesús mío, perdón y misericordia. Por la fortaleza de que me disteis ejemplo desafiando la impopularidad, enfrentando la sentencia del magistrado romano y cargando vuestra Cruz, ¡curad en mi alma la llaga de la tibieza y la molicie, y haced de mí un esforzado e incansable luchador por la causa de la Iglesia y de la libertad de Cuba!
 

 

 
Jesús ayudado a llevar la Cruz por el Cirineo (V Estación)
¿Quién era este Simón? ¿Qué se sabe de él, sino que era de Cirene? ¿Y qué sabe la generalidad de los hombres sobre Cirene, sino que era la tierra de Simón? Tanto el hombre como la ciudad emergieron de la obscuridad para la gloria, y para la más alta de las glorias, que es la gloria sagrada, en un momento en que muy otros eran los pensamientos del Cirineo.
Él venía despreocupado por la calle. Pensaba tan sólo en los pequeños problemas y en los pequeños intereses de que se compone la vida cotidiana de la mayor parte de los hombres. Pero Vos, Señor, atravesasteis su camino con vuestras Llagas, vuestra Cruz, vuestro inmenso dolor. Y a este Simón le tocó tomar posición ante Vos. Forzáronlo a cargar la Cruz con Vos. O él la cargaría malhumorado, indiferente a Vos, procurando volverse simpático al pueblo, o la cargaría con amor, con compasión, desdeñoso del populacho, procurando aliviaros, tratando de sufrir en sí un poco de vuestro dolor, para que sufriérais un poco menos.
El Cirineo prefirió padecer con Vos. Y por esto su nombre es repetido con amor, con gratitud, con santa envidia, desde hace dos mil años, por todos los hombres de fe, en toda la faz de la tierra; y así continuará siendo hasta la consumación de los siglos.
También por mis caminos Vos pasásteis, mi Jesús. Pasasteis cuando mis padres me enseñaron a rezar. Pasasteis cuando en las clases de catecismo comencé a abrir mi alma para la verdadera doctrina católica. Pasasteis en mi primera Confesión, en mi primera Comunión, en todos los momentos en que vacilé y me amparasteis, en todos los momentos en que caí y me reerguisteis, en todos los momentos en que pedí y me atendisteis.
¿Y yo, Señor, qué actitud tomo ahora, cuando una vez más pasáis, en esta Semana Santa de 1999, delante de mí?
Jesús cae por segunda vez (VII Estación)
Caer, quedar postrado en tierra, a los pies de todos, dar pública manifestación de ya no tener fuerzas, son estas las humillaciones a que Vos os quisísteis sujetar, Señor, para darme un ejemplo y una lección. De Vos nadie se compadeció.
En mi apostolado, en mi lucha publicitaria por la libertad de mis hermanos cubanos, deberé continuar aún cuando todas mis obras parezcan estar por el suelo, aún cuando todos se unan para atacarme, aún cuando la ingratitud se vuelva contra mí.
¡Ah, Dios mío, cuántos miopes que prefieren no ver ni presentir la realidad que les entra por los ojos! ¡Cuánta dejadez, cuánto bienestar menudo, cuánta pequeña delicia rutinaria, cuánto sabroso plato de lentejas!
Dadme, Jesús, la gracia de no ser de este número y de concederme abundantes gracias de energías de apostolado, de lucha y de intrepidez. Nuestra debilidad no debe servirnos de pretexto porque la gracia, que Dios nunca niega, puede lo que las fuerzas meramente naturales no podrían.
Dios quiere ser servido hasta el último aliento, hasta la última energía, y de ello nos dio sublime ejemplo en el camino del Calvario; en particular, en las tres caídas bajo el peso de la Cruz. Por medio de la gracia, Él multiplica nuestras capacidades de sufrir y de actuar, para que nuestra dedicación llegue a los extremos de lo imprevisible, de lo inverosímil, de lo milagroso.
La Pasión me enseña que a Dios debemos darlo todo, absolutamente todo, y después de haberlo dado todo aún debemos dar nuestra propia vida.
 

 

 
Jesús es clavado en la Cruz (XI Estación)
La impiedad escogió para Vos, Señor mío, el peor de los tormentos finales. El peor, sí, pues es el que hace morir lentamente, el que produce sufrimientos mayores, el que infamaba más porque era reservado a los criminales más abyectos.
Este odio inmenso, ¿no contiene para mí alguna lección?
Sí, entre Vos y el demonio, entre el bien y el mal, entre la verdad y el error, hay un odio profundo, irreconciliable, eterno. Las tinieblas odian a la luz y los hijos de las tinieblas odian a los hijos de la luz. La lucha entre unos y otros durará hasta la consumación de los siglos, y jamás habrá paz entre la raza de la Virgen y la raza de la serpiente.
Toda la historia del mundo, toda la historia de la Iglesia, no es sino esta lucha inexorable entre los que son de Dios y los que son del demonio, entre los que son de la Virgen y los que son de la serpiente. Lucha en la cual no hay apenas un equívoco de la inteligencia, ni sólo flaqueza, sino también maldad: maldad deliberada, culpable, pecaminosa, en las huestes de ángeles caídos y de hombres que siguen a Satanás.
Es en esta perspectiva que se comprende, en toda su profundidad, la pertinacia comunista en prolongar los sufrimientos y el via crucis del pueblo cubano esclavizado.
He aquí lo que es necesario ser dicho, comentado, recordado, acentuado, proclamado y, una vez más, recordado a los pies de la Cruz.
 
Jesús muere, es colocado en el sepulcro y se acerca la Resurrección... (XII y XIV Estaciones)
Llegó por fin el ápice de todos los dolores. Es un ápice tan alto, que se envuelve en las nubes del misterio. El sol se veló. El cielo perdió su esplendor. La tierra se estremeció. El velo del templo se rasgó. La desolación cubrió todo el universo.
¿Por qué Nuestro Señor Jesucristo tuvo que padecer y morir de esa manera, si era la propia inocencia? Su muerte fue para redimir al hombre. Para destruir el pecado. Para abrir las puertas del Cielo. El auge del sufrimiento fue el auge de la victoria.
Corrióse la laja del sepulcro. Parece todo acabado. Sin embargo, está muerta la muerte. Se acerca el momento en que todo comienza, con el reagrupamiento de los Apóstoles y el renacer de los esfuerzos, de las esperanzas. La Pascua se aproxima.
El odio de los enemigos continúa rondando en torno del Sepulcro y de María Santísima y de los Apóstoles. Pero ellos no temen. Dentro de poco rayará la mañana de la Resurrección.
Que pueda yo también, Señor Jesús, no temer. No temer aún cuando todo parezca irremediablemente perdido para la causa de los católicos cubanos y de la libertad de mi añorada Patria.
No temer cuando todas las fuerzas de la tierra parezcan puestas en las manos de vuestros enemigos, y éstos cuenten con las más inesperadas complicidades.
No temer porque esos hermanos cubanos y yo estamos a los pies de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, Patrona de Cuba. Junto a Ella, se reagruparán siempre, y siempre más, para nuevas victorias, los verdaderos seguidores de vuestra Iglesia y los auténticos luchadores por la causa de la libertad de Cuba.

 

Estimado amigo:

La Pascua de Resurrección ya se acerca. Le solicitamos que visite nuestro GuestBook y deje allí su mensaje de esperanza, de manera que todos podamos compartir esos anhelos.

De nuestra parte, deseamos que Nuestro Señor Jesucristo, por la mediación de María Santísima, le conceda los mejores y mayores favores espirituales durante la Semana Santa y en esta próxima Pascua.

Saludos cordiales del

CubDest Servicio de Difusión, Semana Santa de 1999

 

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FIN