Agosto 28, 2001: Diario Las Américas, Miami

Católicos chinos: "mártires vivos" olvidados

Por Gonzalo Guimaraens

Cuando hace pocos días atrás dos publicaciones argentinas, Panorama Católico Internacional y Cristiandad (www.cristiandad.org), señalaron en declaración conjunta que "el mundo no puede seguir ignorando la persecución a 12 millones de católicos en China comunista", ponían el dedo en una de las más vergonzosas y escondidas llagas de este comienzo de siglo y de milenio.

En la declaración, divulgada ampliamente por la Agencia Católica de Informaciones (ACI) y por News From China (NFC), se denunciaba que esa persecución recrudeció en los últimos meses con nuevos secuestros de obispos, sacerdotes y fieles. Se reproducían antecedentes concretos particularmente dolorosos, proporcionados por la agencia vaticana Fides, como la detención en abril pp. del anciano obispo de Pekín, monseñor Matías Pei, de 82 años y del obispo de Hebei, monseñor Shi Enxiang, de 79 años, quien ha pasado 30 años de su vida en las cárceles comunistas, así como de numerosos jóvenes sacerdotes y fieles. Según Fides, está en curso una implacable campaña para exinguir a la Iglesia del Silencio, fiel a Roma.

La declaración de Cristiandad y Panorama Católico Internacional concluía: "Ha llegado la hora de levantar la voz en favor de esos hermanos perseguidos, mártires vivos del tercer milenio. Una movilización de los 1.000 millones de fieles católicos en el mundo entero, reclamando con firmeza ante las embajadas chinas en los respectivos países, será capaz de crear un clima internacional que hará insustentable la continuación de la persecución en China, tanto por motivos religiosos, como es el caso de los católicos, cuanto ideológicos".

La idea corrió como reguero de pólvora por el mundo entero, suscitando muestras de entusiasta adhesión por parte de sacerdotes, religiosas y fieles; de centros culturales, colegios y parroquias de exiliados chinos en diversas partes del mundo; de periodistas; de catedráticos; de conventos de clausura, etc. Inclusive llegaron emocionantes e-mails de agradecimiento de católicos de la Iglesia del Silencio en China que, poniendo en riesgo su integridad física, los enviaron por Internet desde "cybercafés" de Pekin, Shangai, Hong Kong y otras ciudades.

La arrogante reacción china no se hizo esperar. Cuatro días después de haber lanzado su voz de alerta sobre el via crucis de los católicos chinos, el sitio web de Cristiandad fue clausurado abruptamente por la firma de Internet que los hospedaba, según consignó la Agencia Católica de Informaciones (ACI). Un dirigente de la entidad afectada declaró a ese respecto: "Todo indica que la intempestiva clausura de nuestro sitio web, sin siquiera un aviso previo, es fruto de eficaces presiones directas o indirectas del régimen comunista chino; y muy probablemente constituye una represalia porque fue levantado un tema-tabú: la persecución a los católicos chinos, algo que estaba cubierto por un pesado manto de olvido".

Pero si el objetivo de las presiones chinas era la intimidación, el resultado obtenido fue exactamente el opuesto: se multiplicaron las adhesiones de católicos y no católicos a esa iniciativa, con un aumento de la presión sobre las embajadas chinas en diversos países del mundo libre, especialmente en Argentina, desde donde partió la loable iniciativa en favor de los católicos chinos.

Si las amenazas e intimidaciones no obtuvieron resultado, ahora los comunistas chinos podrán aplicar nuevamente una táctica que ya les fue útil: la del silencio en torno de la Iglesia del Silencio. No polemizar sobre ese problema, simplemente hacer de cuenta que éste no existe, para ver si el drama de esos 12 millones de hermanos en la fe de China se evapora en medio del caos contemporáneo y cae nuevamente en el olvido.

Es nuestro papel impedir que esto ocurra. Los exiliados cubanos, con su amplitud de horizontes y generosidad de alma, fruto de análogos sufrimientos, tienen un importante papel. Ya lo tuvieron hace dos años cuando, por ocasión de la controvertida visita a los Estados Unidos del primer ministro chino Zhu Rongji, una iniciativa conjunta de exiliados chinos y cubanos hizo llover millares de e-mails y faxes sobre la Casa Blanca, la Secretaría de Estado, la embajada china en Washington y las redacciones de grandes periódicos norteamericanos, denunciando la persecución por motivos religiosos en China. Una iniciativa que obtuvo gran repercusión internacional y sobre la cual el DIARIO LAS AMÉRICAS informó en su oportunidad (Abril 8, 1999).